Gérmenes en la piscina: micronutrientes contra las bacterias del agua
En verano, cuando muchas personas disfrutan de un baño refrescante, los agentes patógenos no suelen estar muy lejos. Y no es para menos: con cada bañista llegan al agua escamas de piel, cabellos, sudor, restos de protectores solares, desodorantes e incluso, en ocasiones, pequeñas cantidades de materia fecal. Esta combinación indeseada crea el ambiente perfecto para que los gérmenes prosperen. Las aguas cálidas y poco profundas son especialmente favorables para su desarrollo, permitiendo que se multipliquen con rapidez.
Al nadar, estos microorganismos pueden ingresar al cuerpo fácilmente a través de la boca, nariz, ojos, oídos o la zona íntima, provocando infecciones incómodas. Pero ¿qué enfermedades acechan realmente en el agua? Y lo más importante: ¿qué micronutrientes pueden ayudarnos a combatir eficazmente a estos indeseables invasores?
Otitis del nadador: dolor de oídos tras el baño
La otitis del nadador —conocida en inglés como Swimmer’s Ear— es una inflamación dolorosa del conducto auditivo externo que puede desarrollarse después de nadar o bucear con frecuencia o durante períodos prolongados.
Entre los síntomas más comunes se encuentran el dolor intenso de oído, picazón y la hinchazón del canal auditivo. El contacto constante con el agua reblandece la piel del oído, haciéndola más vulnerable y facilitando la entrada de bacterias como Pseudomonas aeruginosa, Staphylococcus aureus o Staphylococcus epidermidis. En casos menos frecuentes, también pueden estar implicados hongos o virus.
Conjuntivitis de piscina: ojos irritados tras nadar
Si después de nadar los ojos se enrojecen, arden o lagrimean, la causa suele estar en las cloraminas: compuestos que se generan cuando el cloro del agua reacciona con el sudor, la piel muerta o la urea. Estas sustancias pueden dañar la película lagrimal que protege al ojo e irritar la conjuntiva. Si además se introducen gérmenes, puede aparecer la llamada conjuntivitis de piscina, una molesta inflamación ocular.
Infecciones urinarias en verano
La aparición de ardor al orinar, necesidad constante de ir al baño o dolor en la parte baja del abdomen después de un día en la piscina puede indicar una cistitis. Este tipo de infección es provocada con frecuencia por bacterias intestinales como Escherichia coli, que acceden al agua a través de restos fecales diminutos y pueden penetrar en el cuerpo a través de la uretra, alcanzando la vejiga, donde se reproducen. Otro germen potencialmente implicado en estas infecciones es Acinetobacter baumannii.
Diarrea y vómitos
Al tragar agua contaminada durante el baño, se pueden ingerir bacterias como Escherichia coli, que al llegar al sistema digestivo pueden desencadenar infecciones gastrointestinales. En personas sanas, estos cuadros suelen resolverse sin mayores complicaciones, pero en individuos con un sistema inmunológico debilitado, la infección puede agravarse y derivar en consecuencias severas, como una septicemia potencialmente mortal.
Micronutrientes: la clave para bañarse con seguridad
Aunque el cloro es eficaz contra muchos gérmenes presentes en el agua, no siempre es suficiente. Algunos microorganismos son tan resistentes que logran sobrevivir incluso en piscinas bien desinfectadas.
Por eso, es fundamental ducharse tanto antes como después de nadar: así se evita introducir patógenos en el agua o llevarlos consigo al salir.
Igual de importante es mantener un sistema inmunológico fuerte. Las principales barreras del cuerpo —como la piel, las mucosas y el tejido conectivo— actúan como escudos naturales que dificultan la entrada de agentes infecciosos. Para que estas defensas funcionen de forma óptima, el organismo necesita un buen aporte de micronutrientes. A continuación, te presentamos algunos esenciales:
-
Vitamina C: estimula la producción y actividad de las células inmunitarias, las protege frente a los radicales libres y favorece la síntesis de colágeno. Esto fortalece la estructura de tejidos y mucosas, dificultando el ingreso de gérmenes.
-
Vitamina E: potente antioxidante que, además, puede inhibir la producción de prostaglandina E2, una molécula proinflamatoria que se incrementa durante las infecciones.
-
Selenio: actúa como antioxidante, protege las células inmunitarias del daño oxidativo y mejora la respuesta del sistema inmune frente a bacterias y virus.
-
Lisina: en combinación con la vitamina C, participa en la formación y el entrelazado de las fibras de colágeno, lo que fortalece el tejido conectivo y potencia su capacidad protectora. Además, este dúo puede eliminar bacterias de forma selectiva.
-
Vitaminas del grupo B (como B6, B12 y ácido fólico): indispensables para la formación, maduración y división de las células del sistema inmune, lo que garantiza una respuesta eficaz frente a numerosos patógenos.
-
Zinc: refuerza la piel y las mucosas, acelera la cicatrización y reduce el riesgo de infecciones. También potencia la actividad de las células inmunitarias contra agentes bacterianos.
-
Compuestos vegetales secundarios, presentes por ejemplo en el jengibre o el lichi, poseen propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas, aliviando así la carga del sistema inmunológico.
Un hallazgo prometedor desde la investigación natural
Un estudio* realizado por el Instituto de Investigación Dr. Rath reveló lo eficaz que puede ser la combinación de vitamina C y lisina contra determinadas bacterias. En ensayos de laboratorio, el crecimiento de Escherichia coli y Acinetobacter baumannii se redujo hasta 6 o 7 veces gracias a esta combinación. Además, la eliminación de estos patógenos fue hasta cuatro veces más efectiva cuando se emplearon ambos micronutrientes juntos.
Nuestro consejo para la temporada de baños
¡Refuerza tus defensas a tiempo! Aumenta tu ingesta de vitamina C y lisina —idealmente junto con otros micronutrientes clave— para apoyar al máximo tu sistema inmunológico durante el verano.